lunes, 2 de junio de 1997

Páginas de una exhibición

VISITAR UN MUSEO
Visitar un museo constituye, sin duda, una experiencia intransferible. En primer lugar, porque una tal visita demanda una cierta preparación personal: transponer los umbrales del museo es desprenderse de las limitaciones un tanto pedestres de lo cotidiano y penetrar en un mundo, de algún modo, instalado en otro tiempo y en otro espacio. Visitar un museo tiene algo de detenimiento, de colocación a la vera del tiempo, de ascenso a la categoría de testigo. Consiste en participar de una licencia en virtud de la cual la cultura es leída hacia adelante y hacia atrás con uno, el observador, como referencia.

La visita a un museo, en segundo lugar, es un ritual acicateado por un sin número de valores: los méritos del monumento que acoge al museo, la calidad y el prestigio de las exhibiciones y, en el caso de las galerías de arte, la presencia:, socialmente atestiguada de las obras.

La actividad física de visitar un museo, por último, es emocionalmente insustituible: es insustituible como inmersión en una atmósfera que siempre tiene algo de mágica (porque, de hecho, detenerse en el tiempo, en esa ociosidad contemplativa requerida por los museos, es si se establece la comparación con el mundo de afuera, simplemente mágico o absurdo) ; es insustituible como fruición de una luz, de una manera de acudir y permanecer en relación con los objetos, de vivir e interactuar con una particular arquitectura .

Lo anterior es, por tanto, un modo de decir que no existe, en rigor, ninguna práctica frente al mundo "virtual", que pueda equipararse a la visita a un museo. Las visitas "virtuales", son sin duda otra cosa, materia de un tipo de experiencias que ha comenzado a generalizarse (francamente, con una velocidad exponencial) y cuyo porvenir es apenas susceptible de ser analizado con base en cálculos imprecisos y elucubraciones.


LA "VIRTUALIZACIÓN" DE LA CULTURA

El significado que tiene -o que tendrá en el futuro- la "colocación" masiva de obras artísticas sobre un soporte tan singular como el que brinda la tecnología informática, es materia de enconadas discusiones, muchas de las cuales, circulan -y no casualmente- en la misma Internet. Simplificando, como lo hacía Enrique Jardiel Poncela cuando hablaba de preferencias religiosas (y políticas), uno podría distinguir, universalmente, dos militancias: la militancia resistente de los conservadores, es decir, de los analógicos, aquellos para quienes los soportes confiables de las obras pictóricas, musicales, fílmicas, etc., son el lienzo, el acetato (antes fue la orquesta), el celuloide y así por el estilo y los sustentadores del credo renovador, es decir, los digitales, cuya confianza en los soportes electrónicos y magnéticos los llevan a avizorar un porvenir cada vez más "virtual". No deja de ser paradójico que los museos, cuyas riquezas consisten precisamente en obras que utilizan soportes tradicionales, se hayan inscrito en la vanguardia, al Iado de las instituciones entusiastas de la virtualidad.

ORIGINAL Y COPIA
Concederle estamento de existencia a lo que comúnmente se llama Un museo virtual es, en cierto modo, disponerse a asumir un simulacro en el cual cada copia que lo constituye vale por el original. En el caso de los museos virtuales, en realidad se trata más bien de un simulacro de simulacros de una representación de representaciones. Visitar el Museo del prado Virtual es simular una visita donde los lienzos de Goya (simulados) son reales. en el interior de la simulación. Se ve entonces cómo la realidad virtual intenta simular un modo de existencia -no solamente un modo de representación- y; por tal razón, inaugura un tipo de exhibición museística completamente original. Así, por ejemplo, cuando se trata de la exhibición de una reproducción digitalizada (es decir, de la muestra de una copia de una obra autográfica, que es como denomina Nelson Goodman a aquel tipo de obras formadas por un único original}, la obra tiene de algún modo que asumirse como original (porque, de hecho, es el único objeto que constituye la colección del museo) .Pero la obra exhibida puede consistir, de por sí, en una obra virtual que es, a la vez, original y copia, como sucede en aquellas galerías (The Gallery for the Digital Arts ( web.sirius.com/ -stas/Gallery/titlepg.shtml) o The Computer Art Pages de Florian Maushart (www.FH-Karlsruhe.DE/-mafl0011l) dedicadas a construcciones puramente virtuales. La obra del museo virtual, como se ve, es siempre de índole problemática.
Quizás sean consideraciones como éstas -y otras que derivarán de un desarrollo que apenas conocemos- as que nos harán cada vez más proclives a las caminatas virtuales, caminatas cuya fruición tendrá un sabor y una lógica que, de una manera muy distinta a los amables recorridos por los viejos museos concretos, probablemente nos llegará a fascinar. Lo que sea que depare el futuro en ese sentido, apenas se prefigura en unos itinerarios que ostentan todavía la rudeza de una tecnología incipiente y que consisten, por lo pronto, en el hojeo de páginas y páginas de un inmenso libro virtual.

PÁGINAS y PÁGINAS
¿Qué tipo de experiencia brinda la caminata dentro de un museo virtual? Se trata, sin duda, de una experiencia vicaria: en el mejor de los casos, visitar un museo virtual consiste en simular un desplazamiento físico en un espacio tridimensional "transitable", mediante la manipulación de un mouse (a través de cuyo movimientos es constantemente redibujado el espacio representado en la pantalla) .Las caminatas pueden ser ocasionalmente acompañadas de sonidos (música ilustrativa o una pedagógica narración verbal) o de recursos animados: videos o ilustraciones en movimiento. Si el museo virtual reside en un soporte como el de Internet (y no en discos movibles o CD-ROMS), es susceptible de ser actualizado día a día desde la misma sede de la galería virtual.
Uno de los más entusiastas patrocinadores de la virtualidad museística es un organismo de rancio abolengo: el International Council of Museums (ICOM), institución federativa fundada en el año 1946. Su página Web, lleva el nombre de Virtual Library museums page (www.icom.org/vlmp) y fue botada al mar de la red en el año 1994. De hecho, la página de ICOM constituye una de tantas entradas a la red de museos en Internet. Si se tiene en cuenta que la Virtual Library museums page suma todos los días del año por lo menos un nuevo museo a su inventario, se tendrá una idea de la dimensión que exhibe la red de museos en Internet.

ITINERARIOS CLÁSICOS
Desde su servidor principal (www.icom.org) que reside en la Universidad de Oxford y con la ayuda de sus diez sedes espejo o mirror sites, repartidas en cuatro continentes, la Virtual Library museums page permite la visita a museos virtuales de todo tipo: galerías de arte, museos para niños, museos de ciencia y de la aviación, planetariums y también páginas puente, como por ejemplo la página del Art Museum Network (www.amn.org), que permite que el viajante cibernético desemboque en decenas de museos regionales. Un itinerario al azar a partir de ICOM puede disfrutar del más caprichoso albedrío: podría escoger, por ejemplo, de entrada, un tour bidimensional por los Museos del Vaticano (Musei Vaticani: www.christusrex.org) para quizás detenerse en algunas de las 40 imágenes disponibles de Fabbrica de San Pedro (y de allí, sucumbir a la tentación de asomarse a la Capilla Sixtina). Inmediatamente podría enfilarse hacia la Galería Uffizi, recorrer en realidad virtual alguna de sus galerías y obtener una copia digital de El nacimiento de Venus. Puede optar por visitar casi cualquier gran museo del mundo: el Metropolitan Museum of Art (www.metmuseum.org) , o aventurarse en la red de museos rusos (www.museum.ruldefengl.htm ) , o decidirse por una visita virtual a la Acrópolis de Atenas (www.mechan.ntuagr/webacropol) para finalizar con una breve revisión de las galerías holandesas (www:museumserver.nl/e_index.shtml), comentadas en su idioma original.
En materia de galerías de arte exclusivamente, la lista de museos que se abre a partir de ICOM resulta interminable: en el Web reclaman su presencia desde los museos egipcios oficiales (www.idsc.gov.eg/culture/mus) o japoneses (www.museumor.jp/vlmp) hasta una sociedad privada de artistas plásticos vieneses (Künsterhaus: www.kunstart.co.at/kunstart); desde el Louvre (www.louvre.fr) cuya colección puede ser revisada piso por piso, hasta nuestro Museo de Arte Contemporáneo (www.moma.org) .

TRILOBITES EN EL WEB
También, y con más razón, habitan en el Web los museos de ciencia, empinados sobre recursos tecnológicos constantemente renovados y proyectados hacia el futuro. Una visita al Natural History Museum (www.nhm.ac.uk), por ejemplo, ofrece al visitante navegador la posibilidad de contemplar réplicas virtuales de varios fósiles prehistóricos, los cuales pueden ser escudriñados desde todos los ángulos "físicos": y con cualquier grado de detalle. El museo, de acuerdo con un ambicioso proyecto que reúne a varios otros institutos similares de la comunidad europea, inicia con ellos la construcción de una galería habitada por objetos "que solamente existan en la realidad virtual" La misma filosofía optimista y participativa puede inferirse de las visitas al Deutsches Museum de Munich (www.deutsches-museum.de) o el Science Museum de Londres (www.nmsi.ac.uk) y a infinidad de otros museos virtuales. La realidad virtual llegó a los museos para quedarse.

EL CD-ROM:
¿VIRTUALIDAD PORTÁTIL DEL FUTURO?
Tal como lo mostraba Fietta Jarque en el diario El País, la experiencia del museo virtual comienza a estar al alcance, cada vez más, de un mayor número de personas: rebasando el problema del valor de la virtualidad misma -cada vez más, dado por descontado- el problema comienza a enfocarse en el tipo de soporte: los norteamericanos prefieren utilizar Internet, los europeos (tomando en consideración algunas limitaciones tecnológicas), han venido desarrollando el CD-ROM. y es curioso que sean los españoles quienes, con más contundencia, hayan apostado a la comercialización del arte en soporte digital: "Goya", "Van Gogh", "Los impresionistas", "La Capilla Sixtina", son algunos de los títulos que una empresa comercial española ofrece en el formato, eso sí, en grandes tirajes, para ser adquiridos en los quioscos. y es que los museos virtuales, como los museos de verdad, son una prolongación de ese relativamente nuevo sueño democrático que arrebató el placer de la posesión de los objetos significativos de una cultura, de la contemplación del arte, a los príncipes, a los coleccionistas, a los victoriosos en la guerra, para compartirlo en sociedad. Así sea que esta democracia se viva, sólo se viva en la virtualidad.

Frank Baíz Quevedo.
Narrador, ensayista, guionista de cine.